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No se vivía mal en aquella comuna, pero había algo que no soportaba: nadie limpiaba el retrete. En una de las asambleas que celebraban semanalmente propuso acordar un turno de limpieza, pero le contestaron que la idea de turno, así como el tema limpieza, eran falacias que la burguesía había creado para perpetuarse. El se definió cercano a la utopía ‘retrete sin mierda’, que ellos calificaron de ambición pequeño burguesa y estéril para la clase trabajadora por cuanto distraía al ser humano de los auténticos problemas sociales. Despues de una votación se decidió que el retrete siguiera sucio. Ahí fue cuando empezó a pensar en abandonarlos. Sin embargo, no tomo la decisión hasta más tarde, cuando se enteró de que su novia se acostaba con todos los de la comuna siguiendo un orden o turno implícito en la idea de orden.
Antonio Orejudo; Fabulosas Narraciones por Historias.